Autobiografía

Nací en el seno de una familia humilde el 21 de Agosto de 1976… Me pusieron todas las vacunas y tres años mas tarde me mandaron a la escuela. Asistí al pre-escolar por acompañar a Juanqui que estaba de “oyente”, el próximo curso asistí de oyente a mi segundo pre-escolar y no fue hasta el otro curso que me permitieron, por fin, matricular oficialmente.
La foto corresponde a mi primer “día del maestro”. Ahí estoy, en primer plano, el más pequeñito, el de la carcajada. Juanqui junto a mi, usando el uniforme que nos hizo Sonia -que es una santa- porque todavía no nos “tocaba”. Siguiendo a la derecha Ovidio, el negrito, no sé por qué nunca se me ha olvidado su nombre. Siguiendo por la primera fila, la que mira hacia atrás es Mabel, nuestra prima, que también estaba de oyente.
Al fondo está Alicia, la maestra, que se retiró dos años más tarde dejándome en medio de mi pre-escolar verdadero. Recuerdo cuánto me hubiera gustado retirarme también aquella mañana en que me llevaron de la mano al aula de Luisa, mi segunda maestra. Aquello ya no era “el país de las maravillas”, no estaban Juanqui, ni Mabel ni los otros motivos que me hacían asistir a la escuela, así que ahí comenzaron mis “tánganas”… y me duraron hasta primer grado.
Hay un nombre que recuerdo de esa época, no puedo identificarlo en la foto, no sé siquiera si está: Pablo Lázaro Cañizares. En mi casa, por alguna razón todos lo recuerdan.

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2 comments

  1. PB

    Después de publicar esta entrada, mi amiga Puichan me envió por correo esta historia de la que transcribo un pedacito. gracias Puichan. Me tomé la libertad de editarla y hacerle un par de anotaciones… espero que no te importe. (…) yo también fui de oyente cuando tenía cuatro años porque mi vecina, que era un año mayor, ya iba a la escuela y yo estaba dando perretas. Y me paso lo mismo con la maestra que se retiro en mi año de verdadero pre-escolar, luego trajeron otra llamada Margarita que era buena, pero no nos gustaba tanto como la otra que podía tocar el piano ¡y hacía unas coreografías de danzas rusas que no veas! Luego, al año siguiente Margarita se enfermó con Meningo (dice PB: una enfermedad popularmente conocida como “la enfermedad del caballo”) y no duró ni un mes. Lo malo de mi época en oyentes, era que cuando terminábamos la abuela de mi vecina nos recogía y mi vecina que no quería que yo fuera a la escuela me daba una de pellizcos y empujones, hasta que llegábamos a mi casa que por suerte no era tan lejos. Después de primero a cuarto tuvimos la misma maestra, que era muy buena, todavía es amiga de mi madre (…)

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